Miradas en blanco que obligan a la reflexión
a quienes buscamos algo más
de una existencia en ocasiones
sin piedad ni redención,
miradas en blanco cercanas,
que bajo pupilas teñidas
esconden retinas lejanas
llenas de recuerdos,
de experiencias vividas y secretos
que marcaron esa época dorada,
dejada atrás ya en una vida
que quisieran volver a pasar
para sentir de nuevo esa llama encendida
y que nunca se debió de apagar
En un intento por sentirte
me detuve en tu mirar,
vi una mano naufragada
en el mar de tu verdad,
ese al que me lancé sin pensar,
mas por la corriente de tu ancianidad
me dejé llevar,
y allí estabas tu
anhelando tus años de juventud,
como si el paso del tiempo
te hubiera encerrado en la senectud,
entonces me detuve
frente al silencio de tu virtud,
tú me mirabas y yo callaba...
la eternidad de ese momento fue cortada
por una presencia inesperada,
pues en tu perdido horizonte
una pequeña barca se acercaba,
y vi que en tu rostro
una sonrisa se dibujaba,
ya que en esa barquita
tu querer navegaba,
quisiste acercarte
pero la corriente que a mi antes me ayudó
de la barquita a ti te alejaba,
entonces comprendí
aquello que de mi necesitabas,
y mis brazos en barca
se convirtieron para ti,
mis fuerzas fueron el motor
que nadaron por ti,
y fue así como conseguí
llevar tu sentir hasta tu querer,
a bordo de esa barca
que lejos de tus recuerdos
se pierde y naufraga,
y navega recta y vigorosa
cuando ese querer que con esfuerzo cultivaste
te cuida como esa rosa
que nunca debió marchitarse,
te cuida con su sola presencia
demostrando que aún vives en su conciencia,
esa conciencia que te devuelve a esa vida
que con su ausencia creíste perdida
Es la familia ese gran querer
a ellos dejaste tu barquita y tu acoger
sin importarte si tú tenías que nadar,
batallar o naufragar,
mas déjame decirte
que siempre que el destino lo permita
estaré en tu mar,
para volver así a rescatarte
de la corriente de tu mirar
a quienes buscamos algo más
de una existencia en ocasiones
sin piedad ni redención,
miradas en blanco cercanas,
que bajo pupilas teñidas
esconden retinas lejanas
llenas de recuerdos,
de experiencias vividas y secretos
que marcaron esa época dorada,
dejada atrás ya en una vida
que quisieran volver a pasar
para sentir de nuevo esa llama encendida
y que nunca se debió de apagar
En un intento por sentirte
me detuve en tu mirar,
vi una mano naufragada
en el mar de tu verdad,
ese al que me lancé sin pensar,
mas por la corriente de tu ancianidad
me dejé llevar,
y allí estabas tu
anhelando tus años de juventud,
como si el paso del tiempo
te hubiera encerrado en la senectud,
entonces me detuve
frente al silencio de tu virtud,
tú me mirabas y yo callaba...
la eternidad de ese momento fue cortada
por una presencia inesperada,
pues en tu perdido horizonte
una pequeña barca se acercaba,
y vi que en tu rostro
una sonrisa se dibujaba,
ya que en esa barquita
tu querer navegaba,
quisiste acercarte
pero la corriente que a mi antes me ayudó
de la barquita a ti te alejaba,
entonces comprendí
aquello que de mi necesitabas,
y mis brazos en barca
se convirtieron para ti,
mis fuerzas fueron el motor
que nadaron por ti,
y fue así como conseguí
llevar tu sentir hasta tu querer,
a bordo de esa barca
que lejos de tus recuerdos
se pierde y naufraga,
y navega recta y vigorosa
cuando ese querer que con esfuerzo cultivaste
te cuida como esa rosa
que nunca debió marchitarse,
te cuida con su sola presencia
demostrando que aún vives en su conciencia,
esa conciencia que te devuelve a esa vida
que con su ausencia creíste perdida
Es la familia ese gran querer
a ellos dejaste tu barquita y tu acoger
sin importarte si tú tenías que nadar,
batallar o naufragar,
mas déjame decirte
que siempre que el destino lo permita
estaré en tu mar,
para volver así a rescatarte
de la corriente de tu mirar

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